Una reunión de elegantes y refinados invitados en una exquisita mansión en un barrio aristocrático tiene un inesperado desenlace: nadie se atreve a abandonar el salón. Esta claustrofilia hace que se vayan borrando las convenciones sociales y aparezca el lado oculto de las personas.
Buñuel, que sentía horrora las multitudes, no concebía la soledad como un bien, sino como una farsa del bien y pensaba que las ideologías y las religiones no eran sino disfraces de intereses puramente egositas. En esta película el director aragonés desarrolló éstas y otras de sus premisas antisocial...